martes, 1 de junio de 2010

Iberia


Mientras una minoría en el País Vasco y en Cataluña perturba, en la superficie, la convivencia nacional española, son cada vez más los portugueses de todas las capas sociales que desearían ser parte de España. Hace poco oí en la televisión a un trabajador portugués que exclamaba “¡Viva Portugal, viva España!” y añadía que no entendía cómo Portugal no estaba ya en España si somos la misma gente y hablamos casi el mismo idioma. En otra ocasión, un político portugués venía a decir lo mismo y señalaba que el gallego es la lengua madre del portugués.

Yo siempre he sido partidario de una Confederación Ibérica, a la que pertenezca Portugal. La independencia de Portugal fue, como casi toda nuestra Historia, fruto de las cosas mal hechas. Felipe II fue proclamado rey de Portugal en 1581 en las Cortes de Tomar. Pero su sucesor en el trono español, Felipe III cometió el fatal error de limitar los privilegios de la nobleza portuguesa, aumentar los impuestos y empobrecer a la población. Los portugueses se alzaron contra la corona española y en 1668 España reconocía la soberanía de Portugal. La victoria se debió en gran medida a una revuelta en Cataluña. Así como a los esfuerzos diplomáticos de Inglaterra, Francia, Holanda y Roma, que temían al poderío del Imperio Español.

Cuando veo en la televisión el pronóstico del tiempo, me causa una sensación de extrañeza, casi de irrealidad, ver una parte del territorio ibérico en blanco –Portugal- y saber que allí se está produciendo el mismo tiempo que en Galicia o en Extremadura. Las dictaduras en Portugal (Salazar) y en España (Franco) no contribuyeron a acercar a ambos países humanamente, sino al contrario. Desde la restauración de la democracia en ambos países, existe un movimiento de entendimiento y de aproximación por encima de una frontera casi artificial. Esta tendencia se incrementa desde la pertenencia de España y Portugal a la Unión Europea.

Algún día, quizá no lejano, Portugal será también parte, en igualdad de derechos, de España. En los partes meteorológicos ya no se verá en blanco ese trozo del territorio ibérico en el oeste de la Península, llamado Portugal.

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