jueves, 31 de marzo de 2011

Pincelada: Encaje de bolillos


Hacer encaje de bolillos. = En sentido figurado, se emplea cuando se quiere dar a entender que alguien ha tenido que realizar una tarea difícil, delicada y, a menudo, complicada.

Sabemos que el origen del encaje se remonta a la noche de los tiempos. Dicen algunos expertos que ya en el Antiguo Egipto se conocía la técnica de confeccionar encajes, desarrollada a partir del bordado con hilos de oro. Al parecer, en Menfis, capital del Imperio Antiguo y Ciudad Santa, se encontraron en excavaciones arqueológicas restos de encajes hechos a mano hace unos 2.000 años. Cuentan que los artesanos egipcios se encargaron de transmitir su saber a los árabes, quienes, a su vez, desarrollaron (fueron los creadores de la pasamanería) y propagaron esta manualidad por los diversos países del mundo musulmán. Partiendo de Al Andalus, el arte del encaje cruzó nuestro país y, a través del Camino de Santiago, se extendió así por toda Europa. Lo que no se sabe muy bien es de qué manera y cuándo exactamente surgió el encaje de bolillos, un trenzado de los hilos mediante unos palitos torneados, que tienen la función de sujetarlos y tensarlos. Por un manual de patrones y muestras para realizar encajes de bolillos titulado “Le Pompe”, aparecido el siglo XVI en Venecia, se supone que su origen fue Italia, de donde pasaría, primero a España, después, a los Países Bajos (por aquel entonces bajo dominio español) y luego a Francia, donde alcanzó un refinamiento y una complejidad de tejido fuera de lo común. De lo que sí hay constancia es de que su época de máximo esplendor se sitúa en el siglo XVII. Basta contemplar los cuadros de Velázquez o de representantes de la pintura flamenca como Van Dyck, para que nos salten a la vista los fabulosos cuellos y puños ornados de encaje de sus personajes principales, pertenecientes a la nobleza. Por aquel entonces, únicamente ellos y el alto clero se podían permitir tales ornamentos en su ropaje. En los siguientes siglos, el uso del encaje de bolillos se difundió también en la burguesía, que adornaba así las cofias de los domingos, el ajuar y el velo de las novias y los faldones de bautizo.

En muchas regiones y provincias de España, la complicada técnica pasaba de madres a hijas. Especialmente las mujeres de Murcia y La Mancha se distinguieron por alcanzar niveles de maestría en esas labores. Todavía hoy, poblaciones como La Palma (un municipio cercano a Cartagena) y Almagro tienen esa artesanía como seña de identidad y, desde sus Ayuntamientos, se han creado diversas iniciativas para difundir y preservar ese patrimonio histórico para generaciones venideras. Además, para que quede constancia de algunas maravillas de épocas pasadas rescatadas para la posterioridad, se han fundado sendos Museos con el fin de que, también los forasteros, puedan admirar lo que manos femeninas son capaces de confeccionar, incluso si han dedicado la mayor parte de su vida a los trabajos del campo.

M. Rey Suñé

2 comentarios:

  1. Gracias, yo aprendo bolillos hace ya dos años, me encanta....

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  2. Gracias!!! Siempre quise saber cómo y quiénes tejían los ENCAJES de Reyes y Reinas que veía en los cuadros. Busqué y busqué, hasta que hoy, julio del 2012, lo descubrí. Me enamoré. Ahora estoy aprendiendo con una maestra de Barcelona. Me siento feliz!!!

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