jueves, 12 de mayo de 2011

Pincelada: Bob Marley rastafari


Ayer se cumplieron 30 años del fallecimiento del músico jamaicano Bob Marley, una conmemoración de la que se hicieron eco tanto la prensa escrita como casi todas las cadenas de Radio y TV. Bob Marley nació el 6 de febrero de 1945 en Kingston y murió con tan sólo 36 años en Miami, victima de un cáncer. Considerado el "rey del reggae", Bob Marley ha conseguido seguir vendiendo discos en todo el mundo (hasta hoy unos 200 millones de álbumes), incluso después de su muerte. Fue un gran icono de la música “reggae” y de la cultura “rastafari”, que él dio a conocer más allá de las fronteras de Jamaica. Aunque para muchos “los rastas” son sólo esos negros caribeños que, con sus largas trenzas desaliñadas, entran en la categoría de lo pintoresco, lo cierto es que el movimiento (muchos le llaman “religión”) “rastafari” va mucho más allá del folclorismo.

La mayor parte de la población jamaicana desciende de los esclavos africanos que los ingleses secuestraron en sus poblados de origen, allá por el siglo XVII, para ser vendidos en las Antillas, donde Jamaica era el principal mercado de esclavos de América. En los siglos siguientes hubo varios intentos de rebelión por parte de los esclavos negros, que fueron aplastados de manera brutal y sangrienta por el ejército británico. La minoría blanca siguió oprimiendo y explotando a la mayoría negra hasta que Jamaica consiguió la total independencia del Reino Unido el 6 de agosto de 1962.

Según una profecía, sería un descendiente del rey Salomón y de la reina de Saba quien libertaría la raza negra del dominio blanco. En 1928 la profecía, al parecer, se cumplió: Ras Tafari Makonnen fue proclamado “Negus” de Etiopía tras un golpe de Estado. En 1930, ese mismo Ras Tafari fue coronado Emperador bajo el nombre de Haile Selassie. Con motivo de una visita de Haile Selassie a Jamaica en el año 1966, éste dirigió un discurso a la multitud en el que, entre otras cosas, decía: “Etíopes y Jamaicanos tienen una relación que se pierde en el tiempo. Jamaicanos y Etíopes fueron hermanos de sangre”. Se refería a los innumerables etíopes que, siglos atrás, fueron robados de sus casas por negreros, mercaderes dedicados al inhumano comercio con seres vivientes, para ser llevados a través del océano a su triste exilio caribeño, donde serían vendidos al mejor postor. Con esas palabras, Haile Selassie se había convertido en el Dios que había bajado a la tierra para liberar a los desprotegidos y propiciar el regreso a África, sobre todo a Etiopía, de los descendientes de aquellos infortunados aborígenes, robados siglos atrás en el continente africano por los desalmados tratantes de esclavos.

En el curso de los muchos siglos de esclavitud, se fue construyendo una especie de religión, la “rastafaria”, que tiene como base la Biblia, pero con muchos elementos africanos y un batiburrillo de singulares teorías, que van desde la superioridad de la raza negra y sus supuestos nexos históricos con los hijos de Israel, a una feroz crítica a la sociedad dominante. Peculiar, como mínimo, es también el gran consumo de marihuana (“ganja”) como parte del ritual religioso. Según los “rastafaris”, la marihuana tiene carácter sagrado (dicen que esa planta crecía junto a la tumba del Rey Salomón), por lo que se la considera como un medio de meditación para acercarles a Dios. En los años 70, esa "religión" sería dada a conocer en todo el mundo a través de la música de un joven músico llamado Bob Marley.

Bob Marley, con sus ritmos reggae y la comprometida letra de sus canciones, que defendían la justicia social y el pacifismo, fue el "portavoz de los desfavorecidos" del mundo entero, convirtiéndose así en un apóstol viviente de los “rastas”. Desgraciadamente, 30 años después de habernos dejado para siempre, poco queda en Jamaica de su ideología. En efecto, su leyenda sigue siendo alimentada por las autoridades ya que, gracias al peregrinaje de innumerables admiradores de su música al Museo Bob Marley en Kingston, se ha convertido en un gran negocio que da de comer a mucha gente (hoteleros, tiendas de recuerdos, etc.), pero a pocos les interesa realmente el compromiso político que Bob Marley transmitía en sus canciones. Y los jóvenes jamaicanos, que podrían seguir llevando el testigo, prefieren dedicar su tiempo a conseguir dinero fácil gracias al trapicheo con marihuana o al sexo con turistas maduritas. ¡Si el pobre Bob Marley levantase la cabeza….!
Margarita Rey

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