martes, 23 de julio de 2013

Tema de hoy: Relevo en Bélgica




 
El pasado fin de semana abdicó el rey de los belgas, Alberto II (79), después de 20 años de ser monarca. El rey belga adujo motivos de  edad y delicado estado de salud. Asume la corona el príncipe Felipe de Sajonia-Coburgo, duque de Brabante, que fue entronizado ayer en una sencilla ceremonia. El rey Alberto, en un breve discurso, le pidió encarecidamente que velase por la cohesión de Bélgica, por su democracia y que esté al servicio de los ciudadanos.
 
Bélgica es un país diverso, difícil de gobernar. En Bélgica, en la región de Flandes, se habla neerlandés, un 35% habla francés (en el oeste)  y un 1% son germanófonos (en la comunidad alemana, al este del país). Quizá esta diversidad étnica y lingüística, en una sola nación, haya sido el motivo de que se eligiera a Bruselas como capital de la Unión Europea. La convivencia en Bélgica es por lo general buena, aunque no hace mucho tiempo veíamos peloteras en el parlamento o en los ayuntamientos para defender cada grupo sus intereses. El secreto de la existencia de Bélgica es que todo belga, sea del grupo étnico que sea, se siente en primer lugar ciudadano de Bélgica.
 
¡Si se pudiese conseguir en España lo mismo!  Aquí, el sucesor del Rey Juan Carlos, su hijo, el príncipe Felipe, va a tener que bregar mucho para conseguir lo que Alberto II encarga a su sucesor, Felipe. En España, una mayoría de los ciudadanos ve en el Rey Juan Carlos la garantía de la democracia (parlamentaria) y de la unidad de España, con respeto a las diferentes regiones que la componen. Son también mayoría los que, aunque deseen una república (arma de dos filos, que fácilmente puede caer en manos de la ultraderecha)  estiman que el Príncipe Felipe está muy bien preparado para representar la corona democrática y hacer frente a los obstáculos que pudiesen presentarse. Pero el pueblo español, en su mayoría, no tiene prisa por que abdique Juan Carlos, que es toda una institución en España y en el Extranjero.  Pero la edad y la salud del monarca también tienen sus límites.
 
En los últimos tiempos, no sólo en actos oficiales, observo una desacostumbrada seriedad en el rostro  del Príncipe de Asturias. Tal vez se esté preparando para la gran responsabilidad  que se le vendrá encima.

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