martes, 11 de febrero de 2014

Leído en la Prensa: Unos Goya sin Wert




Nunca en unos premios Goya había sido tan protagonista un ausente. En la gran fiesta del cine español, en una ceremonia pensada para hacer una clara declaración de amor al cine español, en una noche que siempre vale para promocionar el cine español... la espantada del ministro de Cultura, José Ignacio Wert, argumentando "problemas de agenda", no podía pasar desapercibida ni criticada. En el Hotel Auditorium de Madrid se oyeron todo tipo de reproches al ministro y a la política del Gobierno en educación y cultura. Ocurrió en una noche de brujas, puesto que la cinta de Álex de la Iglesia se llevó para casa hasta ocho galardones de los diez a los que optaba. Y ocurrió en una noche en la que triunfó la tapada: Vivir es fácil con los ojos cerrados. La emotiva cinta de David Trueba —dos Goya, al mejor director y al mejor guión original— se llevó casi el pleno: seis premios de siete nominaciones. Siempre hay una gran derrotada, esta vez ha sido La gran familia española (solo dos galardones, aspiraba a once), y eso que los académicos intentaron repartir los 'cabezones' lo máximo posible para dejar buen sabor de boca a todos. La ausencia de Wert es un ejemplo de su fractura con el mundo del cine.
 
El ministro Wert se las llevó de todos los colores... Pocos amigos tiene el titular de Cultura en el cine español. Hubo críticas duras y otras más suaves. "Su ausencia es muy triste", coincidieron en afirmar muchos de los protagonistas de la noche. "Es un funcionario al que pagamos y su trabajo es estar aquí para reflexionar entre todos", decía, por ejemplo, Juan Diego Botto. El más claro en expresar el sentir general fue el director Juan Antonio Bayona: "La ausencia de Wert es un ejemplo de su fractura con el mundo del cine". El más contundente, como siempre, Javier Bardem: "Ha hecho un acto de indiferencia hacia esta industria. Es una chulería", dijo en la alfombra roja; "Nuestro cine está por encima de nuestro ministro de anticultura", insistió en la gala.
 
Extraño fue que el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, no hiciera mención a Wert en un reivindicativo discurso en el que cargó contra el elevado IVA cultural, contra la piratería y la falta de ayudas para el cine. "Hoy en día hacer una película en nuestro país es un acto heroico", dijo. Hubo hueco también para la ironía. Firma la broma el presentador Manel Fuentes: "¿No ha venido Wert?". En el patio de butacas, el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, aguantó el tipo y el chaparrón.
 
Hablando de premios, que era realmente de lo que iba la noche, el éxito de Vivir es fácil con los ojos cerrados ha servido de reivindicación para la comedia española, muy olvidada en los Goya en los ultimos años. Desde 1998, cuando ganó La niña de tus ojos (Fernando Trueba), los académicos no habían dado tanto valor a una buena carcajada. Quizá, en tiempos de crisis, viene bien recordar el valor de las risas sobre las lágrimas, y por eso, cintas como la triunfadora, Las brujas de Zugarramurdi, La gran familia española o 3 bodas de más han estado tan presentes en las nominaciones de esta edición. La historia de un profesor que usa las canciones de los Beatles para enseñar inglés en la España de 1966 ha calado también por su buen sentido para mezclar comedia y algo de drama. Imposible salir del cine sin una sonrisa. "Siempre debo yo más al cine que el cine a mí", dijo un sonriente y eufórico David Trueba.Quiero compartir este premio con toda la gente que tiene una sonrisa.
 
La cinta ha servido además para encumbrar a uno de los mejores actores del cine español: Javier Cámara. Esta era su sexta nominación a los Goya y por fin se ha quitado la espina. "Me parece un honor increíble tener este premio. Un gran sueño. Quiero compartirlo para toda la gente que tiene ahora mismo una sonrisa. Gracias, David (Trueba), por este personaje tan maravilloso". Imposible no emocionarse viendo esas lágrimas de alegría de este genial actor que le quitó el Goya al supuestamente favorito Antonio de la Torre, que ha vuelto a repetir la 'maldición de la doble nominación'.
 
Otro premio sentido, el más claro de toda la noche, fue el de Marian Álvarez, mejor actriz por La herida. Tras llevarse la Concha de Plata en San Sebastián y sin recibir una oferta de trabajo desde entonces, la intérprete se lleva un reconocimiento a su buen hacer cargando con el peso de toda la película, haciendo sufrir al espectador con un personaje cuya enfermedad es, por desconocimiento, difícil de entender. Su mirada triste y los silencios de su soledad también dejan una pequeña herida en la memoria. Culpa tiene Fernando Franco, mejor director novel, que puede situarse como referente para esta nueva generación de cineastas que están llamados a hacer grandes cosas tras las cámaras. Aviso a los espectadores: o amas la película o la odias. No hay término medio. Terele Pávez regaló un "gracias" tan sincero y profundo que emocionó a los presentes.
 
Con el resto de intérpretes, si hubo una gran ovación en toda la noche, fue la dedicada a Terele Pávez. De 74 años, se llevó el galardón a la mejor actriz de reparto por Las brujas de Zugarramurdi. Premio que suena a Goya de honor para una veterana de nuestro cine que ya se había ido de vacío en sus cuatro nominaciones anteriores. No pudo evitar las lágrimas y regaló un "gracias" tan sincero y profundo que emocionó a los presentes. De veterana a noveles, Javier Pereira (Stockholm) y Natalia de Molina (Vivir es fácil con los ojos cerrados) ofrecieron discursos nerviosos tras recibir sus Goya a los mejores intérpretes revelación. Reivindicativa estuvo Natalia de Molina, que criticó, como la mencionada Marian Álvarez, la reforma de la ley del aborto. Roberto Álamo se llevó el Goya al mejor actor de reparto, dando una pequeña, muy pequeña, satisfacción a la derrotada La gran familia española.
 
También hubo hueco para un homenaje con nombre propio: Jaime de Armiñán. El cineasta, a punto de cumplir 87 años, sesenta de ellos dedicados al cine, recibió un sonoro aplauso por su Goya de Honor. Los reconocimientos nunca llegan tarde.
 
Una gala para olvidar
Siempre es difícil presentar la gala de los Goya y a Manel Fuentes se le hizo un mundo. Su discurso humorístico sonó muy artificial, demasiado guionizado y sin llegar a transmitir la comedia que pretendía. Si alguna broma lucía, era minoritaria. Su fracaso se notó más aún después de que pequeñas apariciones como los siempre eficientes chicos de Muchachada Nui o, incluso, del cocinero Alberto Chicote, despertaran más risas que el presentador. Una pena que se abuse de los vídeos 'a lo Billy Cristal' que no terminan de funcionar o shows musicales que recuerdan los defectos de siempre en estas galas. Quizá desde Buenafuente no ha habido un maestro de ceremonias igual.

Fuente: 20minutos.es
Autor: Alberto Grados




No hay comentarios:

Publicar un comentario