domingo, 13 de diciembre de 2015

Atalaya: Todo por la patria



El pasado viernes, poco antes de las seis de la tarde, se produjo un ataque de los terroristas talibanes afganos contra la embajada española en Kabul y un edificio que servía de alojamiento para huéspedes importantes. Dos policías muertos y varios heridos fue el triste balance del atentado suicida.
 
Al principio, las noticias dadas a conocer por el ministro de Asuntos Exteriores fueron confusas o tiraban a la baja, pareciendo que el atentado contra  la legación española había sido una casualidad. .El talibán suicida estrelló un coche con explosivos contra el edificio de los visitantes anexo a la embajada. Testigos presenciales, periodistas y agentes de seguridad americanos y afganos declararon que el atentado fue un ataque frontal contra la embajada española, cuyo interior conocían bastante bien los talibanes, que llegaron a penetrar en él y subieron al tejado del edificio desde donde dispararon a los policías, algunos de los cuales pudieron refugiarse en el búnker. “Lo que hemos vivido aquí es culpa de mucha gente”, dijo uno de los supervivientes. “La embajada estaba aislada en una de las peores zonas de la ciudad y sin ninguna seguridad”.
 
La Unión General de Policía denunció el sábado la seguridad defectuosa de la legación española. “La cercanía entre las casas y la calle es tal que algunas de sus terrazas tocan casi con el muro exterior del recinto, sin ningún tipo de seguridad”. Esto hace que incluso con un cocktail molotov se pudiese llevar a cabo un ataque.

El embajador español, Emilio Pérez de Águeda, reside en la llamada zona verde, el perímetro protegido junto a la Embajada de Estados Unidos en Kabul. El sindicato policial señala que los diplomáticos y demás personal de la embajada vivían con el temor de un atentado, dada la escasa distancia  que separa al edificio de la calle. La seguridad externa estaba confiada a 10 policías afganos.

A pesar de estas deficiencias el gobierno español nunca se planteó trasladar la Embajada a otro lugar más seguro. Más protegidos están ahora los dos muertos y varios heridos, trasladados a Kaia North, sede de la delegación de la OTAN. Que no perecieran más personas, la mayoría españolas, se debe a la aparición de policías y soldados norteamericanos, que pusieron fin a la pesadilla.

Mariano Rajoy, que aspira por continuar con sus chapuzas desde La Moncloa o desde la sede de su partido, PP, en la calle Génova, dio otra versión distinta de los hechos. Después de su ministro de Exteriores José Manuel García Margallo, Rajoy dijo en Orihuela (Alicante) antes de comenzar un mitín electoral: “El ataque no iba contra nosotros. No ha habido un ataque. No ha habido ni era un ataque contra la embajada de España en Afganistán y así lo han reivindicado los talibanes. Era un ataque contra algunas casas de huéspedes, que estaban muy próximas a la embajada. Todos podemos ser objetivo de un ataque terrorista, cualquiera, cualquier país occidental, pero en este caso no lo era contra  la embajada de España”.

¿Quién dijo que el tema terrorismo quedase fuera de la campaña electoral? Rajoy es un ejemplo del político que ha arrojado la ética al  retrete. Sus palabras son un insulto para los militares españoles que luchan denodadamente contra los extremistas y terroristas musulmanes y que se sienten llamados por su patria, España, a dejar muy alto el honor de cumplir con un duro deber, de dar la libertad a los países del Medio y Lejano Oriente, que ahora en el torbellino asesino de los fanáticos islámicos, son forzados a vivir por debajo de la dignidad humana. “Todo por la patria”, pues el ímpetu de aquellos enajenados también amenaza a Occidente, y en primer lugar a España, “Al Andalus”, que durante 8 siglos estuvo ocupada por el Islam.

El “todo por la patria” también obliga a Rajoy a decir la verdad no sólo por respeto a los ciudadanos españoles, sino también a las sacrificadas Fuerzas Armadas y a los diplomáticos que representan a España en los lugares más peligrosos con una deficiente protección, como Kabul.
 
 
 



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